POCOS JUICIOS
A pesar de la alta incidencia del fenómeno, la ineficacia es la nota dominante. Los primeros casos de acoso inmobiliario datan de finales de los años ochenta y hasta hace poco más de un año no se ha registrado ninguna sentencia condenatoria. Todavía más llamativo resulta que a pesar de la lucha activa que parece haber emprendido Cataluña contra estos casos, estima que en Barcelona se registran unos diez mil, sólo han llegado al juzgado un total de nueve casos; seis con sentencia condenatoria.
Las sentencias pioneras sobre el acoso son recientes y han supuesto un importante avance para reconocer de forma legal el problema. La primera de ellas es de Barcelona, con la reapertura por la Audiencia provincial en 2004 de una querella por acoso inmobiliario con una condena a los propietarios de una vivienda por coacciones en una situación que define como acoso inmobiliario.
La otra, en Getxo, donde un empresario y sus inquilinos fueron condenados, incluso con su expulsión de la ciudad, por el acoso al que sometieron a los vecinos de un palacete para provocar su abandono. El empresario quería el edificio para vender los pisos una vez rehabilitados.
Las sentencias pioneras sobre el acoso son recientes y han supuesto un importante avance para reconocer de forma legal el problema. La primera de ellas es de Barcelona, con la reapertura por la Audiencia provincial en 2004 de una querella por acoso inmobiliario con una condena a los propietarios de una vivienda por coacciones en una situación que define como acoso inmobiliario.
La otra, en Getxo, donde un empresario y sus inquilinos fueron condenados, incluso con su expulsión de la ciudad, por el acoso al que sometieron a los vecinos de un palacete para provocar su abandono. El empresario quería el edificio para vender los pisos una vez rehabilitados.

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