LA BATALLA
La batalla contra el acoso inmobiliario es larga en España. Pueden transcurrir años entre la denuncia de la situación y un fallo judicial o la adopción de medidas que frenen su impacto. Se trata de una lucha desigual en la que las víctimas tienen que compaginar un estado de alerta permanente, de acumulación de pruebas, de gastos extraordinarios y de su justificación, de control de las situaciones, de recursos para obtener algún resultado.
La especulación desatada en los últimos años ha aumentado la desproporción entre acosadores y ciudadanos; los asustaviejas se enriquecen. Con el dinero, los millones de euros de la especulación, es más fácil seguir hostigando.
Los asustaviejas tienen presupuesto, un plantel de técnicos y abogados dispuestos a convertir su falta de escrúpulos en realidad. Las empresas cambian constantemente de nombre para evitar el pago de atrasos, para eludir su responsabilidad, para escamotear a Hacienda, para reducir costes laborales.
La firmeza, la serenidad, la información y el tiempo son buenas para ganar la batalla.
La especulación desatada en los últimos años ha aumentado la desproporción entre acosadores y ciudadanos; los asustaviejas se enriquecen. Con el dinero, los millones de euros de la especulación, es más fácil seguir hostigando.
Los asustaviejas tienen presupuesto, un plantel de técnicos y abogados dispuestos a convertir su falta de escrúpulos en realidad. Las empresas cambian constantemente de nombre para evitar el pago de atrasos, para eludir su responsabilidad, para escamotear a Hacienda, para reducir costes laborales.
La firmeza, la serenidad, la información y el tiempo son buenas para ganar la batalla.

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